Los campeones se deben ver en cancha

15/05/2015 | Pagina Siete

La impugnación del club The Strongest que pretende forzar la ética deportiva no es propia de una institución que se jacta de 100 años de aporte al balompié y al espíritu nacional.

El haber perdido en cancha frente al club Petrolero ha movido a ciertos nuevos dirigentes gualdinegros a buscar un remedio que está fuera de la corrección en la que debe actuar el deporte. En efecto, habiendo perdido el partido, el Tigre quiere obtener puntos de gracia; algo concebido a causa de ignorar de manera desvergonzada la naturaleza de una competencia deportiva, donde se puede ganar o perder. Pero hay que saber perder con honor y dignidad, y no aprovechando circunstancias administrativas ajenas a lo deportivo, como aquella presentación mediática del técnico de Petrolero, Celso Ayala, que un tiempo antes había sido también director técnico de Sport Boys. Sensiblemente, con aquella circunstancia -que no afectó el trámite del partido como consta en la planilla oficial o los sendos informes arbitrales y del veedor, que serían las pruebas plenas y legítimas-, el club aurinegro pretende ganar los puntos que ha perdido en la lid.
En cambio, el club Bolívar ganó todos sus puntos jugando legalmente con sus oponentes, dando así una muestra de caballerosidad y nobleza.
Por lo que se sabe, The Strongest no ofreció pruebas plenas, como ser los contratos que habría firmado el señor Ayala en Sport Boys y en Petrolero de Yacuiba. O sea que sin tener documentación fidedigna se lanzó a una disputa que duele al público porque es un signo de deterioro, comprometiendo a otros clubes que -precisamente por no apelar a esa conducta- pueden mantener la vigencia del fútbol nacional y lastimando seriamente la degradada imagen del fútbol boliviano
Al parecer, los stronguistas aplican armas sin saber que las penas sin ley no existen, como decían los romanos nulla poena sine lege, un principio adoptado por todas las naciones del mundo. Entonces hay que preguntar sobre qué penas y sobre qué ley se basa la impugnación stronguista, lo cual equivale a una pretensión que se asemeja más al absurdo que a una demanda provenida de una institución seria, embebida de espíritu deportivo.
Consiguientemente, hay que esperar que la FBF, en defensa de su prestigio, ratifique la resolución dictada por la LFPB, negando los débiles alegatos aurinegros, y salvaguarde la honorabilidad y la transparencia de los certámenes nacionales.

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