En el último suspiro

07/11/2013 | El Diario

A veces el fútbol es generoso con los equipos virtuosos y crueles con los tácticos, incluso en las situaciones más extremas. Anoche, se dio el caso para suerte de Bolívar, siempre tirado al azar en ataque, y un Wilstermann contemplativo y desaprovechado. El Siles ardió en un minuto. Mientras en Bolívar festejaban la victoria con un gol en el tiempo añadido, marcado por Ferreira. Gol tan celestial y encantador como duro y cruel para el aviador. Dicen que un campeón a veces gana partidos que no merece, pero en el futbol los merecimientos no suman. Lo que sí sumó fueron esas tres unidades que cosecharon ante un rival que, después de tanto sacrificio terminó frustrado.
Cuando comenzaba a caminar el reloj y los aficionados se acomodaban en las graderías, Wilstermann paralizo el estadio. El tempranero gol de Berodia puso en evidencia las rotaciones en defensa que emplea el técnico celeste. El español hace todo lo contrario con sus benditas rotaciones: no potencia las virtudes de sus jugadores y tampoco escode sus defectos. Nuevamente alternó y dejó claro que juega un sudoku con la última línea. Dicen que para un entrenador hay mil recetas para alinear un onceno, pero a Portugal no le agrada ninguna. La defensa es víctima de su manía y lo pagó con el primer gol. Es de suponer que la consolidación de un equipo es de atrás hacia adelante. Pero el entrenador celeste, sólo ha logrado consolidar a Quiñónez en portería, que ayer fue otra vez salvador.
El caso es que, después del gol, la primera parte se dio lo que se esperaba. Un tedioso asedio bolivarista sin peligro sobre el área rival. Jugadas estériles, que sólo hacían acumular méritos a la zaga roja. Como es de costumbre, en partidos de local, los celestes se estrellaron ante dos líneas de cuatro y fueron vulnerables ante los pelotazos en profundidad y contragolpes del aviador. Portugal sabe que estos argumentos futbolísticos se presentarán cuando se juegue en el Siles; pero, hasta ahora, parece no querer encontrar un plan b para desarmar estas férreas defensas. O quizás, no le importe y sólo deja a la suerte del talento individual, la ofensiva celeste, que hasta ese momento no producían réditos.
Wilstermann había disecado a la Academia. Apenas arrancaban los primeros minutos del segundo acto, los cochabambinos estuvieron a punto de aumentar el marcador en un contragolpe que finalizó mal Ramallo. Mandaban una señal: podían dominar la ansiedad de su rival y finalizar en el encuentro con un segundo gol. Pero, nada de esto sucedió. El transcurrir de los minutos dejó sobradamente de manifiesto que si no se aprovechaban las ocasiones de gol, Bolívar podría cristalizar alguna que otra situación.
Hasta que apareció Callejón para responder esta famosa frase: “el que perdona muere”. Cuando el campo parecía estar inclinado de lado del visitante, ‘Juanmi’ guio una contra veloz, después de que de los rojos desperdiciarán una jugada de tiro de esquina. El plantel aviador quedó mal parado y Arce logró esperanzar a las más de 10.000 personas que asistieron al Siles. De ahí en adelante, los visitantes perdieron credibilidad en su juego. Defendieron su ventaja y la victoria se les escaba de las manos. Habían desperdiciado muchas opciones y la moral de los celestes crecía.
La narración tuvo dos finales: uno exuberante y otro cruel. Un altar para uno y un epitafio para otro. Un acto de justicia e injusticia. Jaime Arracaita, que falló un gol minutos antes, encaró decidido desde la medular hacia área rival. Cedió el balón a Ferreira, luego de arrastrar a la defensa, el uruguayo con un disparo a portería le puso la cruz a un equipo que dejó todo defendiendo, pero desperdició mucho atacando.
Con el triunfo de anoche, Bolívar aspira a reeditar el título del primer semestre, pero gana los partidos hurtando características nada propias. Aprovechó la oportunidad de acercarse al título ganando sobre la hora y sufriendo más de lo debido. Esta vez, hubo un ‘Ferreirazo’. Un celestial gol que dice que: ser campeón no es una meta, es una actitud. Y este Bolívar que es favorito –por la materia prima en jugadores y el grifo de la abundancia llamado BAISA– le basta con las individualidades para terminar reinante de un campeonato que está años luz de ser competitivo. Pero, lo que más importó anoche, es la alegría con la que los aficionados se fueron a sus hogares, luego de que su equipo luchase hasta el último para salir victorioso frente a un duro rival.

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